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Carta de Barbara Dawson, Superiora General, con motivo de la fiesta de Rosa Filipina

                                             

                                               ROSA FILIPINA

CARTA DE BARBARA DAWSON, SUPERIORA GENERAL CON MOTIVO DE LA FIESTA DE ROSA FILIPINA PARA LAS RSCJ Y TODA LA FAMILIA DEL SAGRADO CORAZÓN

Queremos compartir con todas nuestras comunidades educativas la carta que la Superiora General ha enviado con motivo de la fiesta de Rosa Filipina y el comienzo de los actos del Bicentenario. Aquí os presentamos algunos fragmentos, podéis encontrarla para su lectura completa en
https://rscjinternational.org/es/noticias/carta-para-la-fiesta-de-filipina-duchesne

Queridas hermanas y familia del Sagrado Corazón:
En honor al 200 aniversario de este acto de valentía de Filipina, el 18 de noviembre de 2017, la Sociedad propone dos iniciativas importantes e interconectadas para las RSCJ y para toda la familia del Sagrado Corazón.
En primer lugar, les invito, a entrar en este año de oración del bicentenario, a formar parte de una comunidad intencional de oración de hombres y mujeres del Sagrado Corazón (…). Rezando con y por Filipina estos días, viene a mí la palabra "persistencia". Filipina fue una mujer persistente en la oración y en la acción. A menudo escuchamos el nombre que le dio el pueblo Potawatomi, "la mujer que siempre reza". La imagen que me viene a la mente es la de Filipina orando en silencio y quietud durante toda la noche en una cabaña en Sugar Creek, con una pequeña mazorca de maíz inmóvil en una esquina de su velo.
Conociendo mejor a Filipina empiezo a formarme una segunda imagen de ella como la mujer persistente que reza siempre, no sólo en el silencio de la noche ante la Eucaristía, sino también a diario "en sus luchas y retos, sus fracasos, en su amor apasionado por el pueblo de Dios,” algo así como la viuda persistente o el amigo inoportuno que nos encontramos en el Evangelio de Lucas. Espero que este año de oración de la familia del Sagrado Corazón fortalezca nuestra relación con Dios, individual y comunitariamente, en silencio y en acción y, que sea el Espíritu que reanime nuestra pasión y el fuego de la misión.
Todo esto me lleva a hacerles una segunda invitación (…)
Sabemos que nuestra misión educativa nos conecta profundamente con las necesidades de nuestro mundo y creemos que la JPIC es fundamental para vivir nuestra misión en cualquier aspecto de la educación y en cualquier lugar donde vivamos. Esta llamada viene de lo más profundo de nuestra espiritualidad: "El corazón traspasado de Jesús nos abre a las profundidades del misterio de Dios y al dolor de la humanidad..." (Const. 1988 #8). Y ahora hay que sumar «al dolor de nuestra tierra herida».
Como a Filipina, estas dos dimensiones de nuestra espiritualidad y misión, la oración y la justicia, nos llaman a avanzar y a profundizar al mismo tiempo. La oración incesante de Filipina sólo se puede igualar a su persistente visión y convicción de encarnar el Evangelio (…).
Su visión era valiente y audaz. Ella fue una misionera educadora pionera, cuyo único objetivo era difundir la palabra de Dios en una nueva tierra. Ahora sabemos que no sólo era santa sino también humana, a veces confusa ante el modo de vida de la gente en las fronteras, a veces abrumada por un sentimiento de fracaso, a veces a regañadientes, siguiendo las normas de aquel tiempo, en vez de revelarse. Siempre fue una mujer que centró su vida en Dios, que vivió la misión hasta el final.
Que este año de oración con Filipina fortalezca nuestra capacidad para contemplar y escuchar el latido del corazón de Dios en nosotros y en nuestro mundo.

Barbara Dawson RSCJ