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Historia e historias del belén del colegio del Sagrado Corazón de Rosales

 Refugiados 2 Rosales
“Para educar a un niño, se necesita una aldea”. Este proverbio africano es lo primero que pienso cuando miro el Belén del colegio de este año. Un vez más el resultado es asombroso: ¡Es un campo de refugiados!, Este es el lugar que Jesús ha escogido para nacer y traer esperanza. De nuevo el trabajo y la ilusión de varias madres, muchos profesores y todos los alumnos de primaria ha conjurado un pequeño milagro navideño en nuestro Colegio. 
 
Todo empezó en el curso 2004-2005 cuando se decidió utilizar los talleres extraescolares de adornos navideños del APA para hacer un belén y presentarlo al concurso de la J.M. Moncloa Aravaca. Estaba ambientado en La Mancha para celebrar el aniversario de la primera edición de El Quijote. Quedó precioso y conseguimos el tercer premio. Todos los que participaron, niños y padres, estaban encantados con el resultado. Los niños lo habían pasado en grande y lo miraban incesantemente reconociendo sus figuras y su trabajo. ¡Estábamos deseando repetir la experiencia!. Así que, llegado el momento, volvimos a ponernos en marcha y diseñamos un belén ¡colgado del techo!, donde angelitos regordetes sobre unas nubes, se comunicaban con escaleras. Era tan impresionante que lo colgamos dos años seguidos por petición popular. Todavía se puede ver el gancho dónde se colgaba en las escaleras de acceso a las clases…
 
La experiencia era tan enriquecedora que en las navidades del 2007 el colegio decidió hacer partícipe a toda primaria de la elaboración del belén. Para ello los profesores tenían que ceder una de sus horas de clase y abrir la puerta a los padres para colaborar juntos en la tarea. El reto se acepto con muchas ganas, aunque no fue fácil. Ahora había que distribuir el trabajo entre muchos más niños, ideando tareas con diferentes niveles de dificultad para cada uno de los seis cursos. Desde el principio teníamos claro los objetivos: todos los niños tenían que sentirse partícipes del resultado final reconociendo su trabajo. Todos los trabajos valen, mejor o peor hechos, porque es el conjunto y la ilusión en el montaje lo que remata y añade valor a nuestros belenes. Y finalmente, debíamos aprovechar la oportunidad para explicar los valores que se intentaban transmitir en cada belén. Así se han ido sucediendo los belenes, tratando de reciclar al máximo y no repetir materiales.
 
 
Cada año, un pequeño grupo de madres da vueltas al aspecto general del belén que siempre se tiene que adaptar a un lema, idea las figuras y los demás elementos y con la ayuda de Asun distribuye las tareas por cursos. Después se convoca a padres y madres voluntarios que van a trabajar con los niños en las clases y para ello tienen primero que trabajar ellos las figuras ensayando con sus hijos. Así se identifican los posibles problemas, se hacen muchas mejoras y surgen nuevas ideas que enriquecen el belén. La tarde en que se trabaja en todas las clases es una locura, y sin darte cuente hay que recoger y desaparecen los niños y quedan un montón de figuras, estrellas, arboles, ángeles, animales, casas, vehículos... según el tema,. Siempre nos sorprenden. Son momentos muy divertidos. Muchas figuras tendrán que pasar por la enfermería. Se hace un “casting” para escoger los que serán los Reyes, San José, la Virgen… Y entonces llegan los días de montaje, siempre a contrarreloj antes de que llegue el jurado. Pegamento, cola, grapas, alambres, y taladradora en mano, Importantísimo ir colocando todo con buen criterio, repartiendo espacios, volúmenes, colores… Mientras los niños siguen entrando y saliendo en grupos para ayudar a los remates que faltan. La iluminación al final, siempre por los pelos vigilando la puerta porque el jurado está a punto de llegar. Y así han pasado 12 años, en los que hemos celebrado la Navidad con nuestros belenes que han representado distintos lugares y valores: en las misiones de Haití; en Madrid “conectando el corazón”; en el fondo del mar “buceando con Jesús”; en un belén lleno de abuelos y niños; celebrando los valores de la familia; en una ciudad medieval; en una plaza napolitana. Es una tradición que esperamos continuar muchos más años y con la que hemos conseguido que los niños tengan ilusión por participar en la elaboración del belén, aprender sobre los temas que tratamos de reflejar y sobre todo disfrutar con el resultado…Y porque no decirlo, ganar algún que otro premio. 
 
Las madres del belén del colegio